El Parlamento Europeo propina un sonoro “no” al tratado ACTA

Con 478 votos en contra, 39 a favor, 165 abstenciones y la sensación de que “podría poner en peligro las libertades de los ciudadanos”, el Acuerdo Comercial Anti-Falsificación no pasa el corte de la Cámara.

Ya lo dijo la  comisaria europea para la Agenda Digital, Neeli Kroes, hace dos meses: “Es probale que estemos en un mundo sin SOPA ni ACTA”. La votación sobre la polémica ley antipiratería estadounidense fue pospuesta de forma indefinida por el Congreso del país a principios de año y ahora la Unión Europea ha frenado en seco la aprobación del no menos polémico Acuerdo Comercial Anti-Falsificación.

En concreto, el último pleno del Parlamento Europeo en el que se ha tratado el tema se ha saldado con 478 votos en contra, 39 a favor y 165 abstenciones, al considerarse que el texto presenta aspectos censurables. O, más espeficicamente, porque “el tratado es demasiado vago, abierto a una interpretación errónea y, por lo tanto, podría poner en peligro las libertades de los ciudadanos”.

Esta oposición tan apabullante termina con prácticamente cualquier posibilidad de entrada en vigor del ACTA a nivel supranacional o en alguno de los Estados miembros de forma individual. Y es que la votación de ayer se ha convertido también en la primera en la que la Cámara ha recurrido al poder que otorga el denominado Tratado de Lisboa para rechazar un acuerdo comercial internacional.

Aún así, el comisario responsable del tratado, Karel De Gucht, ha sido citado diciendo que un voto negativo no impedía que la Comisión continuase con “el procedimiento actual ante la Corte”. El Tribunal de Justicia Europeo todavía debe pronunciarse acerca de si el ACTA es compatible con la legislación de la Unión, pero el hecho de que el Parlamento se haya manifestando en contra signfica que un nuevo proyecto de ley debe ser redactado. Esto es, los defensores de la norma tienen que clarificar, reforzar y volver a presentar el texto para su ratificación, tal y como explica The Verge.

Anteriormente, varias comisiones del Parlamento Europeo ya habían estudiado la propuesta recogida en el ACTA, emitiendo recomendaciones desfavorables sobre su aprobación.